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martes, 14 de junio de 2022

PLAZA DE MERCADO

 La Plaza de Mercado de Madrid (C/marca) revive.

Roberto, trabajador del puesto de verduras en la plaza de mercado del pueblo, está ocupado desgranando arveja; de repente, un cliente pide que ¡por favor! le pesen una ata’o de cebolla. 

Gildardo, el dueño del negocio, está encargado del manejo de los pagos de los clientes y al escuchar el pedido que hace el comprador, dice: “oí Roberto, que pesés una ata’o de cebolla…”. 

Ante la imperante orden, el trabajador reacciona de inmediato, y de mala gana contesta: ¡pues que lo pese él, que yo estoy ocupado en otra cosa!

Frente a la altanera expresión de su trabajador, el dueño del negocio contesta con soberbia: ¡vé este hijueputa, es que vos no sabés que al cliente hay que atenderlo?!

Sin inmutarse por el improperio lanzado por su patrón y sin intimidarse por los varios clientes allí presentes, Roberto responde en el mismo sentido: ¡vea hermano, más hijueputa es usted!  Plop… 

Gildardo, ¿quién es el patrón, sos vos o es él? -Dice una de las clientes, asombrada por la grosería del trabajador- A mí me llega a contestar así un trabajador, y es ya que lo estoy echando.

A la intolerante expresión de su clientela, Gildardo responde en un tono totalmente contrario; consecuente y coherente, dice:

“Y por qué lo voy a echar, mija… ¿por un madrazo?  Nooo, si es que él me devolvió el madrazo a mí.  No es pa’ tanto”.

De este relato que, siendo real, no es que tenga algo de extraordinario ni por bueno ni por malo, se puede deducir que ambos personajes se hablaron sin razón en un momento dado; y sin compartir ni tono ni vocabulario, también se puede colegir que en algún punto de la charla los dos se hablaron con sentido.  

lunes, 30 de mayo de 2022

SUEÑO

 

Fotos de Mujer soñando en casa, Imágenes de Mujer soñando en casa ⬇  Descargar | Depositphotos

 

Pocas veces tenemos consciencia de cómo empiezan algunas experiencias de la cotidianidad, tal vez por eso es que la vida nos sorprende permanentemente.

No sé cómo ni por qué voy con una amiga, que no sé quién es, por una calle reconocida que tampoco sé dónde queda.  Al parecer vamos para una entrevista de trabajo o algo así.  De repente empieza a caer una gruesa llovizna, vamos protegidas bajo un paraguas que lleva mi amiga.  Un fuerte ventarrón me impide abrir los ojos, entonces le digo a mi amiga: “cuidado nos vamos a un charco”, ella dice: “no, tranquila”.  En ese instante siento que caemos en un pozo.  Al fin puedo abrir los ojos y veo que una espesa oscuridad ilumina mi vista; es algo inexplicable.

De inmediato comprendo algo intimidante y le pregunto a mi amiga (a quien ya no veo): “¿nos fuimos al rio?” ella (invisible) solo responde: ” sí”.  Ahora continuo sola esta aventura.

Veo un rio inmenso, tranquilo, agua muy, muy amarilla, como espesa.  Me veo y me siento flotando boca arriba con las manos en el pecho y contemplo un iluminado cielo azul con variados parches blancos.  En este estado, soy consciente que he muerto.

Al darme cuenta que estoy muerta, pienso: “qué raro no sentí el infarto…”, sin embargo, vuelvo a concentrarme en el cielo que tengo frente a mis ojos y cada vez más cerquita, y digo: “allá voy Señor”.  En este momento me distrae un pensamiento, solo una persona pasa por mi mente… mi hermana… pero lo desecho y vuelvo a extasiarme en la visión del cielo, al cual me voy acercando o el cielo se acerca a mí, no lo sé, no lo tengo claro, levanto los brazos y, en señal de abrazo, en total consciencia y libertad absoluta, digo: “allá voy Señor”.

En ese periquete, ya casi abrazada al cielo, una Paz inmaculada me regresa de nuevo a mi consciencia para irme despertando de a poquito, muy despacio, como en cámara lenta, con una plácida sonrisa que relaja mi rostro. 

Amigos, les comparto el Inmaculado éxtasis de esta Paz de mi despertar.  Los abrazo.     

lunes, 23 de mayo de 2022

 

Ser una Mujer Empoderada, Hábitos, Crecimiento, Luz Mary Guerrero

Y AHORA: LA MUNDA…

Desde el fantasioso mundo del lenguaje inclusivo, ahora nos proponen que digamos: la munda en vez de: el mundo…

¿Por qué o para qué? Bueno… la justificación de esta propuesta no es menos sorprendente que la idea en sí misma.

Según la Actriz peruana Mayra Couto, quien ha patentado la novedosa sugerencia, el objetivo de esta es “EMPODERAR A LA MUJER” … vaya, vaya…  Pero sí decimos la tierra… no decimos el tierro…”, por fortuna, ¿entonces?

Debo dejar muy claro tres cosas antes de mi comentario acerca de esta “noticia” que viaja por las redes sociales.

1) Que en el mundo (todavía no me acostumbro a la munda), aún subsisten culturas que minimizan y abusan de la mujer en infinidad de formas, infames y aterradoras todas.

2) Que la forma como hablamos es el reflejo de la manera como nos comportamos y viceversa, de ahí que es innegable el poder de la palabra y,

3) Que independiente de cualquier otra condición social y cultural (raza, religión, moral, sexual, etc.), el Ser Humano es una mina de dones y talentos, que en ningún caso excluye a la mujer.   

Teniendo en cuenta estas precauciones, es el momento de que trabajemos por despojarnos de dudas, temores y complejos que son los enemigos que nos oprimen, que nos constriñen.  Ya todo el poder nos lo dio la naturaleza, sin medida, sin restricción.  Las quejas y lamentos no tienen justificación, solo son manipulación.    

Ya es hora de superar ese discurso rancio de la mujer frágil, de la mujer débil… la manipulación de esta arenga se presta para evadir la responsabilidad sobre sí mismas…  Para ser prostituta, científica, ama de casa, ejecutiva, etc.: “LA VOLUNTAD ES EL CAMINO”… “EN LA INTENCIÓN SE ENCUENTRA LA OPORTUNIDAD“.  

Cumplir las obligaciones es la única manera de garantizarnos los derechos. En la medida en que cada una se respete a sí misma y respete a sus congéneres SOLO COMO SER HUMANO, los tributos están garantizados, ya que esta es la gran responsabilidad de la especie superior.

lunes, 7 de marzo de 2022

EL MUNDO DE ÑAÑEL

 


“Cada uno tiene la razón en su mundo; ninguno tiene la razón en el mundo de otro”.

Voy por un camino estrecho en medio de dos montañas cuando me encuentro con Ñañel que viene corriendo, como intentando escaparse de alguien o de algo, no sé.  Se detiene a mi lado y se sienta en una enorme piedra que hay a un lado del camino.  Hace una mañana de verano, espectacular.

     ¿Qué te pasa Ñañel? –digo mientras él mira hacia atrás… luego me mira, con unos ojos exorbitados por el miedo o la rabia-.

     Venga niña, siéntese aquí a mi lado.

Pasando por alto la incomodidad que me causa su mal olor, me siento a su lado para brindarle confianza.  En ese momento viene por el camino un joven que, al pasar por nuestro lado, con una sonrisa amplia y burlona, grita:

     ¡Bañate Ñañel…! –y sale corriendo, convencido que Ñañel corre tras él para alcanzarlo-.

Sin embargo, Ñañel ignora el pretendido insulto, se acomoda su sombrero de tornillo y me mira con unos ojos suplicantes y una asombrosa sonrisa que deja ver su escaza dentadura, al tiempo que me dice:

     Niña ¡por favor! Consígame una tambora pa’compañar a mis santitos en la fiesta… ¡por Dios!, ayúdeme niña.

Aprovechando un poco su confianza en mí, pienso en utilizar esta ocasión para hacerlo bañar…

     Bueno Ñañel, yo te consigo la tambora para que acompañés a tus santitos en la fiesta y vos te bañás, ¿listo?  -Digo yo con una inocencia casi pueril-.

Solo hasta cuando la sonrisa de Ñañel deja de alumbrar su rostro me doy cuenta que la luz de una sonrisa no la aporta una buena dentadura.

     No niña –me dice con gesto antipático y tono regañón- yo no tengo porque bañarme porque yo soy un santo y los santos nunca huelen maluco porque “los santos no sudan…” 

En medio de su fantástica inocencia, Ñañel, me hace comprender que él vive en armonía con lo que le dicta su consciencia.