El estilo bulling o matoneo pasó de ser una forma de burla entre
adolescentes de escuela a ser el estilo recurrente en el debate de los
principales aspectos que interesan a la nación.
Todo debate debería ser primeramente intelectual para que sea
constructivo e instructivo, porque un argumento sesgado por la emoción pierde
credibilidad y genera una confusión inoficiosa que muy poco o nada aporta a la formación
de ideas y conceptos de la mente colectiva.
Es lo que viene sucediendo en Colombia con el pacto entre el
gobierno y los guerrilleros, que lo que para un lado son bondades para el otro
son trampas. Y así sucesivamente el
debate termina siendo una gritadera de improperios donde la única idea es descalificar
al contradictor, se desacreditan el uno al otro y el otro al uno con lo cual
ambos dejan entrever un nerviosismo que contradice notoriamente el compromiso
individual que deben tener con el argumento que pretenden enseñar o defender.
Todo empezó cuando se descubrió, porque era a escondidas del
país, el inicio de las conversaciones del gobierno con los guerrilleros en la
habana, entonces desde ese mismo instante este diálogo se convirtió en una bola
de ping pong que va y viene, en una contienda donde el único mediador ha sido
la prepotencia de lado y lado (defensores y contradictores del proceso).
Ha sido tal el compromiso de todos los miembros del gobierno colombiano con la paz
que defienden este proceso de negociación con una violencia tan inusual que
arrasa familias enteras y amistades
consolidadas durante años con argumentos tan pueriles como: “es que a usted le
gusta la guerra…”. Coincidiendo y
parodiando al señor presidente de la república cuando dijo: “solamente los estúpidos no cambian
de opinión” yo diría: “solamente un estúpido puede calcular que haya un solo
ser humano a quien le guste la guerra…”.
Siguiendo el tono de los defensores del proceso pero en
sentido contrario se han expresado quienes no están de acuerdo con la
negociación del gobierno con los guerrilleros.
También dudas y temores sólidamente fundamentados han sido la base de
insultos e inexactitudes. También el sueño dorado por la paz de la patria se
defiende con una diatriba poco provechosa y sí dañina. Se demostró que no se estaba negociando la
propiedad privada, al menos explícitamente no quedó firmado. Quizás los opositores al acuerdo están
visualizando lo que puede suceder en el futuro con tanta generosidad y tan escaza reciprocidad.
Argumentos van, argumentos vienen; todos con algo de verdad
e igualmente todos con algo de manipulación, pero en lo que coincidimos todos los colombianos es en dos
verdades: 1) SÍ, cualquier precio es poco con tal de detener
la guerra y evitar que el país se siga desangrando y 2) NO queremos para nuestros descendientes el legado de la más
mínima semilla de comunismo.
El grito, el insulto,
la descalificación del concepto objetante, lo único que transmite es una
enorme debilidad del silogismo
propio. Si se descalifican el uno al
otro, se puede deducir que ambos tienen dudas y temores; si se desautorizan el uno al otro quiere
decir que los dos quieren…
Al resto de los colombianos tan solo nos quedan dos opciones
para escoger si SÍ o si NO:
1)
Visualizar al país en la paz derivada de los
acuerdos, mínimamente crueles pero infinitamente necesarios, firmados entre el gobierno colombiano y los
guerrilleros en la habana, y
2)
Evaluar si estos acuerdos, mínimamente crueles
pero infinitamente necesarios, son apenas la semilla para que florezca en
nuestro país una pseudo democracia como la de algunos países vecinos.
El sueño de una Colombia en paz trasnocha al mundo entero,
sin duda alguna que una Colombia en paz sería el lugar escogido por Dios para
vivir, como tampoco se puede dudar que el comunismo no permite progreso, ni
desarrollo, el comunismo tan solo produce hambre, mordazas, retraso…